
J. M. Varela
Escritor de aventuras y fantasía, literal y figurado. Puedes interpretarlo como quieras: o bien escribo fantasía o bien soy de fantasía porque en realidad no soy escritor excepto en mi imaginación. Sea como fuere aquí estoy.
Soy un apasionado de los libros y de las letras, de esas que nos transportan a lugares insospechados y que evocan en nuestras mentes sonidos y aromas imposibles de describir. Porque un libro debería ser un vehículo para que nuestra imaginación navegue hacia horizontes todavía inexplorados.
Cuando no estoy escribiendo me podréis encontrar en la ventana contemplando la lluvia, que en donde vivo suele abundar, ensimismado en las volutas del humo de una taza de té blanco mientras mi mente fusiona la certeza de mi existencia efímera con los acordes de canciones pop japonesas de los años 80.
Por lo demás he estudiado ADE, he hecho un MIB y un Executive MBA y me entretuve con varios cursos de Data Science, Ciberseguridad y Diseño gráfico y web. Demasiadas vueltas, tal vez, para darme cuenta finalmente de que lo que me llena ahora es lo mismo que me llenaba cuando tenía seis años: crear historias de aventuras y fantasia.
¡Ah! Me encantan los dragones, tanto los orientales como los de las tierras umbrías del ocaso y soy fan de los portales dimensionales. En ocasiones tengo la sensación de haber llegado a través de alguno.

En la vastedad del delirio
más allá de las frondosas y oscuras copas del olvido,
camino
solo,
sin rumbo,
desnudo.
Un mar verde me recuerda mi origen:
Tierra.
Un cielo azul me recuerda mi meta:
Éter;
y entre ambos reinos,
con paso vacilante trato de arrancar un significado,
un acicate para que mi alma siga soñando
para que mis pies
descalzos
sigan caminando,
porque solo he llegado y solo me iré
y los inmensos espacios en los que me hayo
me son ajenos,
tan solo páramos que el tiempo riega con lluvia de estrellas,
aguacero de lágrimas salobres.
Mas incluso ahí,
en la desolación,
incluso ahí,
en el vertiginoso vacío,
las voces atraviesan desiertos
arrastradas por los vientos del olvido.
Partículas en suspensión,
moléculas que bailan al compás del canto del Creador,
átomos de vida que se arremolinan
en los fríos arroyos de la nada.
Escarcha.
Hielo.
Todo se deshace.
Llega la luz que me envuelve
y ya no estoy solo,
soy uno con el todo
y ya no deseo
porque nada tengo y nada quiero,
y sonrío,
libre,
más allá de los miedos
a quienes ahora abrazo,
más allá de las dudas
a quienes ahora amo,
porque también ellos forman parte del coro
eterno,
inabarcable,
sublime,
en el que la creación entera canta.
Crisol sin nombre,
continente de todas las cosas,
templo magnífico para una sola creación:
El Libro
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